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jueves, 6 de diciembre de 2012

El Dios que yo amo




El título de este artículo, proviene de uno de los más de 30 libros escritos por Joni Eareckson Tada, cuya vida y testimonio como hija de Dios, han sido de gran inspiración y motivación para mi propia vida.
Si el Apóstol Pablo estuviera vivo, le sugeriría que agregara el nombre de ‘Joni’ al capítulo 11 de su Epístola A Los Hebreos.

En la contratapa de su libro al cual he hecho referencia, se encuentran un par de referencias que dicen: “Joni es una de las mujeres más increíbles que he conocido” (Billy Graham) y “El mensaje de esperanza de la vida de Joni…es un magnífico tapiz que declara la gloria de Dios” (Charles Colson).
En el mes de Julio del año 1967, Joni se quebró su cuello al zambullirse de cabeza a las aguas de un lago, sin haberse percatado previamente de la profundidad del mismo. A la edad de 17 años, Joni quedó tetrapléjica de por vida, paralizada desde el cuello hasta el resto de su cuerpo.

La escritora y maestra Keila Ochoa Harris, en su libro ‘La vida de Joni Eareckson Tada.
Un ramo de dolor’, escribió: “el dolor es un instrumento que puede producir dos resultados: moldear nuestro carácter o convertirnos en gente egocéntica”.
¡Cuántas personas he conocido que profesan ser Cristianos, pero que a la hora de las pruebas y de las adversidades, se convierten en grandes promotores de la frase: ‘pobrecito/a de mí’, y como consecuencia de concentrarse en su egos, el diablo los paraliza espiritualmente!
Joni, es un auténtico cumplimiento de un dicho que nos exhorta a que: “si la vida te da solo limones…haz una limonada”. Y la ‘limonada’ que ha exudado de la vida y el testimonio de esta sierva de Dios ha sido sumamente ‘dulce’.

Durante los primeros dos años de su rehabilitación (le recuerdo al lector que Joni éra una joven de 17 años al momento de su accidente), ella tuvo momentos de depresión los cuales pusieron a dudar su fe en Dios; pero en vez de rendirse a escuchar la voz del príncipe de las tinieblas, en un testimonio publicado en la sección de Héroes del Ministerio Alto Impulso declaró: “En cuanto ahondé profundamente en las Sagradas Escrituras, empecé a ver revelarse el plan de Dios para mi vida. El estaba usando mi discapacidad, para empujarme dentro de los brazos de Jesús”.
Pero no solamente mi heroína se aferró a los brazos del Buen Pastor, sino que también aprendió en aquellos dos años a pintar usando el pincel apretado entre sus dientes.

¡Vaya lección de actitud, para tantos creyentes que en tiempos de adversidad, lo único que aprenden a ‘pintar’ son cuadros de autoconmiseración, los cuales firman con su nombre y la palabra ‘víctima’!
En el año 1979, doce años después de aquella trágica zambullida, fundó el Ministerio Joni And Friends (Joni Y Amigos), con el fin de servir en el área espiritual, emocional y práctica a personas discapacitas. Desde el comienzo de esta sublime empresa, se han distribuido alrededor del mundo más de 40,000 sillas de ruedas.

¡A cuántos profesos Cristianos, Satanás los tiene paralizados en sus ‘sillas de ruedas’ que tienen diversos nombres como: depresión, desánimo, enojo, amargura, afán, ansiedad, crítica, negativismo, murmuración, queja; por mencionar algunas de esas ‘sillas de ruedas’!
En su libro ‘El Dios Que Yo Amo’, Joni Eareckson Tada testifica que el Espíritu Santo le enseñó a comprender las letras de los versos de viejos himnos que había aprendido en su niñez y comenzó a cantarlos con el alma y el corazón.

Uno de los himnos dice así:
¿Cómo en su sangre pudo haber tanta ventura para mí?
¿Si yo sus penas agravé y de su muerte causa fui?
¿Hay maravilla cual su amor? ¡Morir por mí con tal dolor!
¡Hondo misterio! ¡El Inmortal hacerse hombre y sucumbir!
En vano intenta sondear tanto prodigio al querubín.
Mentes excelsas ¡no inquirid! y al Dios y Hombre bendecid.
Nada retiene al descender sino Su amor y deidad.
Todo lo entrega: gloria, prez, corona, trono, majestad.
Ver redimidos, es Su afán, los tristes hijos de Adán.
Mi alma, atada en la prisión, anhela redención y paz;
De pronto vierte sobre mí la luz radiante de Su faz;
Cayeron mis cadenas, vi mi libertad ¡y le seguí!
¡Jesús es mío! Vivo en El. No temo ya condenación.
El es mi todo: paz, salud, justicia, luz y redención.
Me guarda el trono eternal, por El, corona celestial.
(Continuará)

Gracia y Paz Sergio “Amigo de Jesús”
Autor: Sergio A. Perelli

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