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jueves, 27 de diciembre de 2012

JOYAS DE GRAN VALOR




En Proverbios 20:15, dice: ...mas los labios prudentes son joya preciosa.
A Dios siempre le interesa más nuestro corazón y carácter que nuestra apariencia. Él quiere que seamos hermosas tanto por dentro como por fuera, y nuestra boca es uno de los elementos que puede restarnos o añadirnos belleza. Las palabras que salen de ella son tan importantes porque pueden ser de mucho valor y bendición para otros.
El deseo de Dios es colocarnos joyas, y una de ellas son labios prudentes y sabios.
Así reflejaremos su carácter y su palabra a un mundo lleno de oscuridad y temor.
Proverbios 16:24 dice: Panal de miel son los dichos suaves; sua­vidad al alma y medicina para los huesos.

¡Imagínese! Las palabras de nuestra boca pueden producir vida o muerte en los oyentes (Pr 18:21); pueden avivar un corazón abatido o beberle la vida; ser como golpes o como medicina (Pr 12:18); ser como un bálsamo o infligir más daño y dolor; como árbol de vida o quebrantar los espíritus (Pr 15:4).

Las palabras son una expresión externa de la obra interna del Novio.Nuestra tarea es traer ánimo, descanso, medicina, suavidad a los cansados, por medio de nuestras palabras.

 Una joya que coloca el Novio sobre su amada son los zarcillos de oro en sus orejas. Me sorprendió el simbolismo que encontré al estudiar este elemento del vestuario nupcial que aparece en Proverbios 25:12 donde dice: Como zarcillo de oro y joyel de oro fino es el que reprende al sabio que tiene oído dócil (RV1960).
Otra versión dice: Como anillo...de oro fino son los regaños del sabio en oídos atentos (NVI).

¿Qué quiere decir esto?
La persona que escucha con atención los regaños del sabio ­recibirá zarcillos de oro.
En otras palabras, la característica que Dios desea colocar en nuestra vida es la de un espíritu enseñable. Necesita que seamos hijas dispuestas a oír sus consejos y también sus regaños, porque son para nuestro provecho.

Éstos son descritos como anillos de oro, pero sólo si están colgando de oídos dóciles o atentos. Dios nos enseña y, en ocasiones, nos regaña. Y aunque pueda ser difícil escucharla, su corrección produce vida y más sabiduría (Pr 9:9).
Si nuestro espíritu no está abierto a la voz de Dios y a los cambios que Él quiere producir en nuestro carácter, es como si rechazáramos el regalo de anillos que nos está ofreciendo.
 En nuestra generación, la corrección o el regaño se percibe como algo que se debe evitar a toda costa. Pues me atrevo a decirle que si no tiene un espíritu enseñable, unos oídos atentos, no podrá recibir toda la bendición y la enseñanza que Dios tiene para usted. Él desea darle más, pero tiene que tener oídos que escuchen con atención su voz. Permitamos que Dios nos coloque cuantas joyas guste sobre nosotras. Seamos enseñables, tengamos los oídos dóciles y atentos a las palabras de nuestro Novio.
La última parte de nuestro vestuario nupcial es una hermosa diadema. La corona o diadema nos habla, obviamente, de realeza. Él coloca sobre nosotras su identidad y su realeza, y remueve la pena y la vergüenza de nuestro pasado.
Somos hijas del Rey; princesas de Dios; novia del Novio. Isaías 28:5 nos dice algo muy pode­roso:
En aquel día Jehová de los ejércitos será por corona de gloria y diadema de hermosura al remanente de su pueblo. Nuevamente, las joyas que está colocando sobre nosotras son producidas por la persona misma de Dios. Está poniéndonos todos los aspectos de su carácter. Él mismo es nuestra corona. En otro lugar, dice que Él es nuestra gloria y el que levanta nuestra cabeza. ¡Gracias a Dios, por su obra en nosotras! Gracias, porque Él nos llena de gloria y honor.
Nolita W. de Theo

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