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jueves, 27 de junio de 2013

Temor a malas noticias

El mundo en que vivimos está invadido por malas noticias las cuales atemorizan a gobernantes y naciones enteras. Se habla mucho de guerras, terrorismo, problemas económicos, hambre, enfermedades, epidemias, desastres naturales, etc. A pesar del aparente bienestar de los países occidentales la inseguridad y el temor acampan a sus anchas a nuestro alrededor.
Por esta causa y otras, los temores en nosotros se activan. Una mala noticia en el momento menos oportuno nos hunden en un mar de incertidumbre pues desestabilizan nuestro entorno. Cuando nos dan una carta de renuncia  en nuestro trabajo luego de una ardua jornada sin tener razón de ser, una inesperada noticia de la muerte de un familiar, una carta de desahucio de nuestra vivienda o quizás apresan a un hijo por estar metido en el vicio de las drogas.  Las malas noticias producen en nosotros sentimientos de vacío, soledad y abandono.
Son momentos en que no te puedes dejar caer, sino procurar mantener la calma y la quietud. Muchas personas bajo estas circunstancias escogen la vía más fácil, pero a la larga la menos indicada porque trae consecuencias eternas. Son momentos en que tienes que detenerte y aunque no puedas pronunciar palabra alguna, clama a Dios desde las profundidades de tu ser. La Palabra de Dios en tu espíritu se levantara para reconfortarte y sostenerte en tiempos de angustia. Escucharas dentro de tu ser palabras tales como: “No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia” (Isaías, 41:10).  ¡Es el momento de aferrarte a la Palabra de Dios!
El temor produce turbación, ataca nuestra fe y destruye nuestra estabilidad interior.  Jesús enseñó a sus discípulos a combatir el temor y la turbación con la fe y la paz que provienen de la confianza en Dios. Les dijo: “No se turbe vuestro corazón, creéis en Dios, creed también en mi… La paz os dejo, mi paz os doy; no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo” (Juan, 14:1,27).
Es una fe que no se paraliza ante el temor de las malas noticias, sino que se fortalece en fe, como Abraham. “Él creyó en esperanza contra esperanza… conforme a lo que se le había dicho… Y sin debilitarse en la fe contempló su propio cuerpo, que ya estaba como muerto… y la esterilidad de la matriz de Sara… respecto a la promesa de Dios, Abraham no titubeó con incredulidad, sino que se fortaleció en fe, dando gloria a Dios, y estando plenamente convencido de que lo que Dios había prometido, poderoso era también para cumplirlo” Romanos, 4:19-21).
Frente al temor a malas noticias el salmista nos habla del hombre que teme a Dios “no tendrá temor de malas noticias; su corazón está firme, confiado en el Señor. Asegurado está su corazón, no temerá, hasta que vea vencidos a sus enemigos (Salmo, 112).

Por: Pastora Lucy Carmona

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