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miércoles, 3 de julio de 2013

LA OTRA MUJER



Madre…
Tu nombre es sinónimo de un amor puro, sacrificado y abnegado.
Llevas impregnada la esencia más grata y olorosa de la dulzura.
Eres la más exquisita rosa del jardín de Dios.
Das todo sin esperar nada a cambio.
Tienes en tu interior una fuerza increíble, tu fe remueve montañas y provoca milagros maravillosos.
Eres ejemplo de lo que es el perdón y la dedicación.

Madre…
Perdón por el dolor que muchas veces sin querer, he causado a tu corazón.
Pienso en ello y puedo sentir vergüenza y tristeza.
Pido a Dios que cada día renueve tus fuerzas, que te llene de alegría y energía.
Que yo pueda seguir tu ejemplo y ser una persona que marca la diferencia.
Que no olvide nunca tus consejos ni la influencia que has causado en mi vida.
Madre…
¿Qué palabras podría yo decir para hacerte saber lo mucho que significas para mí y lo importante que eres en mi vida?
Eres virtuosa, tienes belleza, tu corazón es reflejo del mismo amor de Dios.
¡Te quiero tanto, que lo sepa el mundo entero!
Doy gracias a Dios por haber permitido que existieras, por tener la fortuna de ser llamada tu hija y porque en medio del camino, si algo bueno yo he hecho, es porque tu compañía siempre ha estado cercana y con tu ejemplo me has inspirado a ser cada día mejor.
Por todo ello y muchísimo más,
¡feliz día de las madres, mamá!
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Autora: Brendaliz Avilés

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