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jueves, 19 de febrero de 2015

¡NO PUEDO TENER HIJOS!

no puedo tener hijos

«Tú, mujer estéril que nunca has dado a luz, ¡grita de alegría! Tú, que nunca tuviste dolores de parto, ¡prorrumpe en canciones y grita con júbilo! Porque más hijos que la casada tendrá la desamparada” 
Isaías 54:1

Inés y Ernesto se casaron y a su boda acudió casi toda la iglesia. Todos estaban muy felices por la unión de los dos jóvenes, que eran muy activos en la congregación y muy queridos por todos. Y así, pasaron a formar parte de los matrimonios, llegando a ser líderes poco después. Pero pasaba el tiempo y “la cigüeña” no hacía acto de presencia en el hogar de la feliz pareja. Todos los demás matrimonios tenían hijos, por lo que no faltaba alguien que les hiciera la pregunta de rigor: “¿Y ustedes cuándo?”, cosa que incomodaba y afligía mucho a Inés. Ella tenía fe, pero se preguntaba lo mismo: ¿cuándo? Más de una vez, Ernesto tuvo que consolarla y secar sus lágrimas por esta causa. Entonces, decidieron acudir con un especialista, para saber qué estaba pasando.
El día que estuvieron listos los estudios que les habían mandado a hacer, esperaban ansiosos al doctor para que les comunicara los resultados. Cuando éste llegó, se sentó frente a ellos y les dijo:
– Muchachos, no les tengo buenas noticias- Inés sintió que su corazón se aceleró, pero su cuerpo entero parecía haberse congelado. No se atrevió ni siquiera a mirar a Ernesto- entonces el médico continuó y después de unas explicaciones científicas, anunció:
– Inés, lo siento mucho, usted no podrá tener hijos- Había sido la frase más cruel que le habían dicho nunca. Ernesto la abrazó y dijo:
– No te preocupes, tú sabes que para Dios no hay nada imposible- lo dijo con tal seguridad, que le transmitió mucha paz a Inés y dejó de llorar. El médico sugirió algunos métodos artificiales, pero los dos los rechazaron, le dieron las gracias y se encaminaron hacia la salida.
Esa noche después de cenar, Ernesto le dijo a Inés:
¿Quieres mucho un niño, verdad amor? Yo también lo quiero, pero debemos ser pacientes, será cuando Él quiera. Hay que esperar en Él, sin desesperarnos…Cuando la ciencia dice no, Él dice sí, si quiere. Inés respondió:
– Pero ¿cómo sabremos si Él quiere dárnoslo? ¿Y si no quiere?
– No empieces a hacerte conjeturas mi amor, no hagas caso de tu mente, sino de tu corazón, ¿qué te dice tu corazón?
– Que Dios es bueno y tendrá compasión de nosotros y que no hay nada imposible para Él.
– ¡Eso es! El siempre escucha a los que lo aman. Debemos aprender a esperar en Él, a dejarlo todo en Sus manos y al hacer esto, tenemos que olvidarnos de que esto es un problema, ya no lo veremos como tal, porque tiene solución y esa solución está en las manos de Dios, ¿no es eso una tremenda ventaja?
– Así es mi amor, ¡la mejor!
Esta es la actitud que deben tener las parejas que no pueden tener hijos. Cuando hay fe, hay esperanza. Cuando las cosas se dejan en manos de Dios, con la absoluta certeza de que Él tiene el poder para cambiarlas, entonces suceden milagros. Si decimos que depositamos nuestra carga en Él y continuamos preocupadas, entonces no estamos siendo honestas con Él, porque esa carga aún la soportamos nosotras.
En la Biblia podemos encontrar los casos de varias mujeres estériles a quienes Dios les dio la capacidad de concebir y lo sigue haciendo hoy en día, pero Dios tiene un plan para la vida de cada uno de nosotros, no hay que desesperar si no viene lo que esperamos, hay que recordar que siempre Sus planes son mejores que los nuestros y suceda lo que suceda, va a ser por Su voluntad y Él nunca se equivoca.

“No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego,
presenten sus peticiones a Dios y denle gracias.” Filipenses 4:6

Escrito por: Angélica García Sch.
fuente: www.mujerescristianas.org

UN MATRIMONIO PARA TODA LA VIDA


En estos últimos tiempos, vemos que cada vez más parejas en el mundo se divorcian y por cualquier motivo, a pesar de haber hecho un compromiso para toda la vida, frente al altar. Pero así como no suelen tomar en cuenta a Dios en su vida diaria, tampoco lo hacen cuando se casan, pues casarse por la iglesia solo viene a ser el cumplimiento de una tradición para ellos. 
No puede suceder lo mismo con una pareja cristiana, en donde Dios debe ocupar el primer lugar en la vida de ambos integrantes y Él está en contra del divorcio: “Yo aborrezco el divorcio —dice el Señor, Dios de Israel—, y al que cubre de violencia sus vestiduras, dice el Señor Todopoderoso.” (Malaquías 2:16)
Cuando surgen problemas entre una pareja cristiana, lo primero que tienen que pensar es en el perdón y la restauración. 

Solo si existiera una causa como el adulterio, o abandono de la pareja, se puede pensar en el divorcio, siempre y cuando el cónyuge no sea creyente: “Sin embargo, si el cónyuge no creyente decide separarse, no se lo impidan. 
En tales circunstancias, el cónyuge creyente queda sin obligación; Dios nos ha llamado a vivir en paz.” (1 Corintios 7:15) Pero aunque la Biblia solo menciona estas causas, se sobre entiende que Dios no obligaría a una mujer a permanecer con un marido que la maltrate física o emocionalmente a ella o a sus hijos.
En casos así o de alguna adicción, la separación es aceptable, pero considerando un tiempo de espera, para el arrepentimiento y restauración del matrimonio, si es que esto se da, porque Dios quiere lo mejor para nosotros, que es una vida plena y feliz.
En el mundo, hay cientos de libros y revistas que dicen tener la clave para tener un matrimonio duradero, y dan buenos consejos, pero ninguno menciona la verdadera clave para un matrimonio feliz y esa clave es el principio de la sabiduría, que es el temor de Dios. 

La pareja que tiene temor (respeto) de Dios, obedece a Dios, y la obediencia a Dios es garantía de paz y armonía. La Biblia contiene mandamientos explícitos para el esposo y para la esposa, si ambos cumplen esos mandamientos, todo irá bien. Dios, en Su Palabra, compara la relación de un hombre y una mujer, dentro del matrimonio, con Cristo y su iglesia.
Cristo se entregó a sí mismo por su iglesia, para honrarla, amarla y protegerla (Efesios 5:25) como un esposo perfecto ¡Qué ejemplo de fidelidad más genuino que el de Jesús! 
Cuando hablamos del matrimonio, siempre hacemos notar que fue instituido por Dios, en el Edén. “Serán una sola carne”, les dijo a Adán y a Eva, pero con esto no se estaba refiriendo solo a su unión física. 
El matrimonio va más allá de eso, implica una unidad emocional y física, pero también una unidad espiritual entre los miembros de la pareja y esto solo es posible si ambos se sujetan a Dios. Mientras más sólida sea la relación de ambos cónyuges con Dios, más sólido será su matrimonio y perdurará con amor, paz y gozo, hasta que la muerte los separe. 


Escrito por: Angélica García Sch.
fuente: www.mujerescristianas.org

jueves, 31 de julio de 2014

PIEDRAS PRECIOSAS

También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas,
Que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró.
Mateo 13:45-46
Hace poco leía un artículo sobre las piedras preciosas y sus componentes el cual llamo la atención en gran manera. Por ejemplo la esmeralda consiste en silicato de berilio, el ópalo consiste en dióxido de silicón, la piedra preciosa tanzanita mayormente está compuesta de silicato de aluminio.  Todas estas se pueden conseguir a un costo extraordinario en el mercado; sin embargo, al lado del diamante son simples piedras.  Es curioso que cuando buscamos la estructura del diamante, vemos un simple elemento: el carbón.  El diamante es altamente duradero, lo que lo hace valiosísimo en el mercado, el más deseado y el más buscado; por supuesto en muchas ocasiones, de un valor incalculable.  Nos preguntamos como un simple elemento como el carbón logra hacer de esta piedra algo tan valioso? Los conocedores de este proceso sabrán que el diamante es producto de tiempo, temperatura y presión.
 Existe un gran paralelismo entre las piedras preciosas con la raza humana; y me dirijo mayormente a las féminas.  En Proverbios capitulo 31:10 “Mujer virtuosa, quien la hallara porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas”.  Cada una de nosotras posee talentos, regalos de Dios que nos impresionan en muchas fases de la vida.   Hay mujeres que utilizan sus manos con tal arte en el dibujo, en la cocina, en la costura, en los adornos, decorando su hogar, en la confección de comida y repostería, en la música, en el arte de escribir; en fin nos faltaría lugar para describir la grandeza de la mujer; sobre todo de la mujer cristiana; pues además de todo lo anterior…se inclina en la presencia del Señor! Como una pieza de carbón,  sin mucha apariencia y apenas irreconocible!
La vida nos ha ido llevando en una jornada para nuestro desarrollo.  Muchas veces hemos sido pasadas por el fuego y los malos momentos nos han ido templando en nuestro carácter. Lo hermoso de todo es que podemos tener la comprensión de que un pedazo de carbón sin el fuego, ni la presión…sigue siendo un pedazo de carbón; algo sin significado!  Pero cuando se ejerce presión, calor y temperatura surge un diamante.  De igual manera sucede con nuestras vidas; posiblemente has tenido aflicciones, sinnúmero de pruebas; pero tu dedicación, tu vida enfocada en Cristo, tu disciplina y propósito ha hecho de ti una  preciosa perla en las manos de Dios.
 Mujer de Dios, tú has sido comprada a un alto precio por Nuestro Señor.  Nunca te menosprecies ni te sientas menos.  En ocasiones se nos olvida el gran valor que tenemos para Dios y aun para nuestra familia.  Mantén tu lugar, no trates de competir con nadie….aunque no lo creas hay muchos que te admiran y quisieran tener lo que tú tienes; porque brillas y te distingues con tu sencillez y tus valores. Siéntete feliz de que eres  producto de tu propio esfuerzo y  sobre todo recordando siempre que la mano del maestro ha hecho de ti un hermoso diamante!

Por: Pastora Lucy Carmona

No te des por vencida

El estar en el proceso de batalla, ya sea por medio de la oración o la lucha por salir de una situación complicada siempre es algo desgastante y hasta doloroso para quien lo esta viviendo, y es que la preocupación, lo difícil de la espera y a veces el sentimiento de impotencia ante lo que sucede son parte de los factores que afectan y hacen aun mas difícil la situación, y es precisamente lo que puede llevar a tomar la decisión de abandonar todo y rendirse antes de tiempo.
Y es que en ocasiones a pesar de saber que Dios tiene el poder para cambiar la situación en la que vivimos, le damos más  importancia a las cosas que suceden al rededor que al hecho de que Dios está obrando, pues a veces es tanta la necesidad de recibir la respuesta de Dios que desesperamos y comenzamos a dudar y a dejar que todos los pensamientos negativos nos influyan y caemos en el error de pensar, que Dios tal vez se ha olvidado de lo que le pedimos porque vemos pasar el tiempo y como a nuestro parecer ya es mucho creemos que es mejor dejarlo todo y nos rendimos, cayendo a si en el peor de los errores.
Es muy fácil a veces darse por vencida, porque el desgaste o cansancio de la lucha produce que las fuerzas se agoten, es más fácil renunciar que soportar un poco más en paciencia, ese sentimiento es muy común porque siempre con las pruebas y dificultades hay dos opciones, luchar hasta el final que es la mas difícil  o rendirse en el camino por temor a sufrir una decepción.
Yo no se cual sea tu situación, pero si de algo estoy segura es que si has orado a Dios, Él tiene todo en sus manos, Él no te llevará a un lugar peor del que estas, no te va a dejar olvidada a media prueba ni te dirá que hagas como puedas, sino que te llevará de su mano en todo el proceso hasta que haya terminado todo y puedas disfrutar de tu victoria.
Tal vez has estado a punto de rendirte porque sientes que tu situación es mas fuerte que tu, o tal vez simplemente ya te cansaste de luchar y no ver la respuesta, pero sea cual sea el motivo por el que has sentido hacerlo, debes saber que tu eres una hija amada de Dios y es tanto su amor que no dejará que tu esfuerzo sea en vano, sino que te dará la fuerza y el valor para continuar hasta el final.
En ningún momento la palabra de Dios nos dice que no pasaremos momentos de dificultad, pero si nos da el aliento para continuar con la seguridad de que de todo saldremos victoriosas, como lo dice en Juan 16:33 “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”  T al vez en tu mente ha rondado esa idea de rendirte, pero si confías en tu corazón podrás darte cuenta que no hay nada que preocuparte, no hay porque pensar que todo está perdido.
Que tu decisión nunca sea el rendirte, no cuando Dios te ha dado todo para ser una mujer valiente, fuerte y sin miedos, a pesar de que el camino a veces parece largo, la recompensa siempre esta mas cerca de lo que imaginas, solamente ¡no te des por vencida!
Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas. Josué 1:9


Autora: Maite Leija
Escrito para: www.mujerescristianas.org

domingo, 29 de septiembre de 2013

SALOMÉ, ESPOSA DE ZEBEDEO

"Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo, con sus hijos, postrándose ante él y pidiéndole algo" (Mateo 20:20) Lease Lucas 20:20-28; Marcos 15:40, 41.

Salomé era la esposa de Zebedeo, y la madre de Juan y Jacobo. Lo notamos al comparar Marcos 15:40 con Mateo 27:56. Marcos nos da el nombre de Salomé como una de las mujeres que estuvieron presentes en el entierro de Jesús. En Mateo no se menciona su nombre pero se la designa como la madre de los hijos de Zebedeo. Salomé podía considerarse como muy bendecida entre las mujeres, puesto que era la madre de dos de los discípulos más queridos por Jesús. Es indudable que los tres apóstoles en quienes Jesús tenía más confianza eran Pedro, Juan y Jacobo. Más adelante apareció Pablo, pero este no formaba parte de los doce. Jacobo y Juan, junto con Pedro, siempre son nombrados en ocasiones aparte. Jacobo murió como mártir según vemos en Hechos 12:2, por lo que su entrada en el cielo precedió a la de los otros apóstoles. De los once que habían presenciado la ascensión de Jesús en el monte de los Olivos, Jacobo fue el primero llamado a la comunión con el Señor.

La vida de Salomé, pues, dio mucho fruto. Sus dos hijos retuvieron su posición clave entre los apóstoles. Juan murió mucho más tarde. Fue el último de los apóstoles que murió, después de la revelación de Patmos.

Salomé era la mujer de un pescador. Vivían en la cosata del Lago de Genezaret. Era de esperar que sus hijos Juan y Jacobo seguirían moviéndose entre barcas y redes, continuando la ocupación de su padre. Pero, el curso de la familia fue cambiando súbitamente cuando Jesús los llamó a formar parte de su grupo. Su posición como apóstoles de un Rey con poder en el cielo y en la tierra cambió las ambiciones de Salomé para ellos, como veremos a continuación.

Hay multitud de leyendas con respecto a Salomé. Por ejemplo: que nació de un primer matrimonio de José, y por ello estaba emparentada con la familia de María. Otra, que era hija de Zacarías. El sentido de ellas es establecer el hecho que Jacobo y Juan probablemente habrían ya oído hablar de Jesús, cuando éste los llamó. Más probable es que la familia había oído hablar de Jesús a través de Juan el Bautista, cuando este predicaba junto al Jordán. Esto significa que la familia ya estaba preparada para recibir el mensaje, pues no se nos dice que Zebedeo hiciera el menor esfuerzo para retenerlos; en cuanto a María sabemos que fue luego ella misma a escuchar a Jesús y que siguió a las mujeres. Ya vimos que fue una de las mujeres que preparó los lienzos y especias para el entierro de Jesús.

El pecado de Salomé era el de los apóstoles. Reconoció que Jesús era el Mesías, pero no podía separar al Mesías de la gloria temporal de Israel. No se dio cuenta que los hijos de Abraham lo eran por la fe, no por sus hijos y por Pedro, y quizá sintiera incluso celos de Pedro y quiso asegurarse de que sus hijos, cuando Jesús viniera en su Reino, tuvieran un lugar de honor en él. Estas razones, comprensibles al considerar el orgullo natural de madre, la inducen a esta petición pecaminosa. No procedía de la fe, sino de lo opuesto a la fe.

¿Cuál fue la respuesta de Jesús? Dirigiéndose a sus hijos, que estaban con ella, les pregunta si podían beber de la copa que estaba preparada para él. Los hijos respondieron que podían. Jesús les confirmó el hecho que realmente lo harían: profetizando con ello el martirio, del que los dos iban a morir más adelante en distintas circunstancias. ¡Esta fue la corona de Salomé! ¡Una corona de eterno peso de gloria!