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jueves, 31 de julio de 2014

PIEDRAS PRECIOSAS

También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas,
Que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró.
Mateo 13:45-46
Hace poco leía un artículo sobre las piedras preciosas y sus componentes el cual llamo la atención en gran manera. Por ejemplo la esmeralda consiste en silicato de berilio, el ópalo consiste en dióxido de silicón, la piedra preciosa tanzanita mayormente está compuesta de silicato de aluminio.  Todas estas se pueden conseguir a un costo extraordinario en el mercado; sin embargo, al lado del diamante son simples piedras.  Es curioso que cuando buscamos la estructura del diamante, vemos un simple elemento: el carbón.  El diamante es altamente duradero, lo que lo hace valiosísimo en el mercado, el más deseado y el más buscado; por supuesto en muchas ocasiones, de un valor incalculable.  Nos preguntamos como un simple elemento como el carbón logra hacer de esta piedra algo tan valioso? Los conocedores de este proceso sabrán que el diamante es producto de tiempo, temperatura y presión.
 Existe un gran paralelismo entre las piedras preciosas con la raza humana; y me dirijo mayormente a las féminas.  En Proverbios capitulo 31:10 “Mujer virtuosa, quien la hallara porque su estima sobrepasa largamente a la de las piedras preciosas”.  Cada una de nosotras posee talentos, regalos de Dios que nos impresionan en muchas fases de la vida.   Hay mujeres que utilizan sus manos con tal arte en el dibujo, en la cocina, en la costura, en los adornos, decorando su hogar, en la confección de comida y repostería, en la música, en el arte de escribir; en fin nos faltaría lugar para describir la grandeza de la mujer; sobre todo de la mujer cristiana; pues además de todo lo anterior…se inclina en la presencia del Señor! Como una pieza de carbón,  sin mucha apariencia y apenas irreconocible!
La vida nos ha ido llevando en una jornada para nuestro desarrollo.  Muchas veces hemos sido pasadas por el fuego y los malos momentos nos han ido templando en nuestro carácter. Lo hermoso de todo es que podemos tener la comprensión de que un pedazo de carbón sin el fuego, ni la presión…sigue siendo un pedazo de carbón; algo sin significado!  Pero cuando se ejerce presión, calor y temperatura surge un diamante.  De igual manera sucede con nuestras vidas; posiblemente has tenido aflicciones, sinnúmero de pruebas; pero tu dedicación, tu vida enfocada en Cristo, tu disciplina y propósito ha hecho de ti una  preciosa perla en las manos de Dios.
 Mujer de Dios, tú has sido comprada a un alto precio por Nuestro Señor.  Nunca te menosprecies ni te sientas menos.  En ocasiones se nos olvida el gran valor que tenemos para Dios y aun para nuestra familia.  Mantén tu lugar, no trates de competir con nadie….aunque no lo creas hay muchos que te admiran y quisieran tener lo que tú tienes; porque brillas y te distingues con tu sencillez y tus valores. Siéntete feliz de que eres  producto de tu propio esfuerzo y  sobre todo recordando siempre que la mano del maestro ha hecho de ti un hermoso diamante!

Por: Pastora Lucy Carmona

No te des por vencida

El estar en el proceso de batalla, ya sea por medio de la oración o la lucha por salir de una situación complicada siempre es algo desgastante y hasta doloroso para quien lo esta viviendo, y es que la preocupación, lo difícil de la espera y a veces el sentimiento de impotencia ante lo que sucede son parte de los factores que afectan y hacen aun mas difícil la situación, y es precisamente lo que puede llevar a tomar la decisión de abandonar todo y rendirse antes de tiempo.
Y es que en ocasiones a pesar de saber que Dios tiene el poder para cambiar la situación en la que vivimos, le damos más  importancia a las cosas que suceden al rededor que al hecho de que Dios está obrando, pues a veces es tanta la necesidad de recibir la respuesta de Dios que desesperamos y comenzamos a dudar y a dejar que todos los pensamientos negativos nos influyan y caemos en el error de pensar, que Dios tal vez se ha olvidado de lo que le pedimos porque vemos pasar el tiempo y como a nuestro parecer ya es mucho creemos que es mejor dejarlo todo y nos rendimos, cayendo a si en el peor de los errores.
Es muy fácil a veces darse por vencida, porque el desgaste o cansancio de la lucha produce que las fuerzas se agoten, es más fácil renunciar que soportar un poco más en paciencia, ese sentimiento es muy común porque siempre con las pruebas y dificultades hay dos opciones, luchar hasta el final que es la mas difícil  o rendirse en el camino por temor a sufrir una decepción.
Yo no se cual sea tu situación, pero si de algo estoy segura es que si has orado a Dios, Él tiene todo en sus manos, Él no te llevará a un lugar peor del que estas, no te va a dejar olvidada a media prueba ni te dirá que hagas como puedas, sino que te llevará de su mano en todo el proceso hasta que haya terminado todo y puedas disfrutar de tu victoria.
Tal vez has estado a punto de rendirte porque sientes que tu situación es mas fuerte que tu, o tal vez simplemente ya te cansaste de luchar y no ver la respuesta, pero sea cual sea el motivo por el que has sentido hacerlo, debes saber que tu eres una hija amada de Dios y es tanto su amor que no dejará que tu esfuerzo sea en vano, sino que te dará la fuerza y el valor para continuar hasta el final.
En ningún momento la palabra de Dios nos dice que no pasaremos momentos de dificultad, pero si nos da el aliento para continuar con la seguridad de que de todo saldremos victoriosas, como lo dice en Juan 16:33 “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo”  T al vez en tu mente ha rondado esa idea de rendirte, pero si confías en tu corazón podrás darte cuenta que no hay nada que preocuparte, no hay porque pensar que todo está perdido.
Que tu decisión nunca sea el rendirte, no cuando Dios te ha dado todo para ser una mujer valiente, fuerte y sin miedos, a pesar de que el camino a veces parece largo, la recompensa siempre esta mas cerca de lo que imaginas, solamente ¡no te des por vencida!
Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo en dondequiera que vayas. Josué 1:9


Autora: Maite Leija
Escrito para: www.mujerescristianas.org

domingo, 29 de septiembre de 2013

SALOMÉ, ESPOSA DE ZEBEDEO

"Entonces se le acercó la madre de los hijos de Zebedeo, con sus hijos, postrándose ante él y pidiéndole algo" (Mateo 20:20) Lease Lucas 20:20-28; Marcos 15:40, 41.

Salomé era la esposa de Zebedeo, y la madre de Juan y Jacobo. Lo notamos al comparar Marcos 15:40 con Mateo 27:56. Marcos nos da el nombre de Salomé como una de las mujeres que estuvieron presentes en el entierro de Jesús. En Mateo no se menciona su nombre pero se la designa como la madre de los hijos de Zebedeo. Salomé podía considerarse como muy bendecida entre las mujeres, puesto que era la madre de dos de los discípulos más queridos por Jesús. Es indudable que los tres apóstoles en quienes Jesús tenía más confianza eran Pedro, Juan y Jacobo. Más adelante apareció Pablo, pero este no formaba parte de los doce. Jacobo y Juan, junto con Pedro, siempre son nombrados en ocasiones aparte. Jacobo murió como mártir según vemos en Hechos 12:2, por lo que su entrada en el cielo precedió a la de los otros apóstoles. De los once que habían presenciado la ascensión de Jesús en el monte de los Olivos, Jacobo fue el primero llamado a la comunión con el Señor.

La vida de Salomé, pues, dio mucho fruto. Sus dos hijos retuvieron su posición clave entre los apóstoles. Juan murió mucho más tarde. Fue el último de los apóstoles que murió, después de la revelación de Patmos.

Salomé era la mujer de un pescador. Vivían en la cosata del Lago de Genezaret. Era de esperar que sus hijos Juan y Jacobo seguirían moviéndose entre barcas y redes, continuando la ocupación de su padre. Pero, el curso de la familia fue cambiando súbitamente cuando Jesús los llamó a formar parte de su grupo. Su posición como apóstoles de un Rey con poder en el cielo y en la tierra cambió las ambiciones de Salomé para ellos, como veremos a continuación.

Hay multitud de leyendas con respecto a Salomé. Por ejemplo: que nació de un primer matrimonio de José, y por ello estaba emparentada con la familia de María. Otra, que era hija de Zacarías. El sentido de ellas es establecer el hecho que Jacobo y Juan probablemente habrían ya oído hablar de Jesús, cuando éste los llamó. Más probable es que la familia había oído hablar de Jesús a través de Juan el Bautista, cuando este predicaba junto al Jordán. Esto significa que la familia ya estaba preparada para recibir el mensaje, pues no se nos dice que Zebedeo hiciera el menor esfuerzo para retenerlos; en cuanto a María sabemos que fue luego ella misma a escuchar a Jesús y que siguió a las mujeres. Ya vimos que fue una de las mujeres que preparó los lienzos y especias para el entierro de Jesús.

El pecado de Salomé era el de los apóstoles. Reconoció que Jesús era el Mesías, pero no podía separar al Mesías de la gloria temporal de Israel. No se dio cuenta que los hijos de Abraham lo eran por la fe, no por sus hijos y por Pedro, y quizá sintiera incluso celos de Pedro y quiso asegurarse de que sus hijos, cuando Jesús viniera en su Reino, tuvieran un lugar de honor en él. Estas razones, comprensibles al considerar el orgullo natural de madre, la inducen a esta petición pecaminosa. No procedía de la fe, sino de lo opuesto a la fe.

¿Cuál fue la respuesta de Jesús? Dirigiéndose a sus hijos, que estaban con ella, les pregunta si podían beber de la copa que estaba preparada para él. Los hijos respondieron que podían. Jesús les confirmó el hecho que realmente lo harían: profetizando con ello el martirio, del que los dos iban a morir más adelante en distintas circunstancias. ¡Esta fue la corona de Salomé! ¡Una corona de eterno peso de gloria!

TENGO PADRE....




Cuando todo me agobia
cuando siento mi cuerpo doblegado
por la lucha tenaz que significa
enfrentar la fiereza de la hora.
Cuando añoro la infancia,
cuando alguien sobre mí
siempre sabía
resolver mis conflictos y temores
buscándome seguro la salida.
Cuando oteo febril el horizonte
una mañana difícil que me aguarda…
anhelo huir de tanta desventura,
porque me siento incapaz
para enfrentarla.



…dejar atrás responsabilidades,
todas las cosas que me dan quebranto
y disfrutar serena, plenamente,
la bucólica paz
que ofrece el campo.
Pero vuelvo a recurrir,
en mis adentros,
a la Palabra allí atesorada,
a mis propios y caros sentimientos
a mi exigua experiencia de cristiana,
y a la oración,
que es recurso milagroso
del Poder
y la paz que da el Eterno.
Recuerdo,
entre aliviada y complacida,
que a cada día
su afán ha de bastarle.

Descansa,
descansa alma mía;
no sufras de orfandad,
¡tú tienes Padre

EVA, LA MADRE DE TODOS


Eva significa "madre de vida", o sea, "madre de todos los que tienen vida". Eva personifica todo lo femenino en la raza humana. En ella hay escondido, como en un grano o semilla, toda la gracia e independencia de una mujer, su susceptibilidad a Satán, pero también su susceptibilidad a la fe. Adán personificaba todo lo masculino, y en general lo humano. El mundo se burla hoy de la "costilla de Adán", pero gracias a este relato, al parecer absurdo, el creyente más sencillo de la Iglesia de Dios entiende la relación entre los hombres y las mujeres mucho mejor que el más profundo filósofo, que medita sobre él a base de su prejuicios personales. Eva fue creada de Adán. Adán tiene que ser considerado como el origen y fondo del cual ella apareció. Pero esto no significa que Adán la hizo. Aunque ella procedió de él, fue Dios quien la creó. Por esta razón, ella también, antes de aparecer sobre la tierra, existía en el pensamiento de Dios. Dios la vio, y porque la vio la creó. Eva es el producto de esta creación divina. 
Eva nunca fue un niño o una hija o una joven. En el instante de la creación estaba delante de Adán en el Paraíso, resplandeciente y en plena madurez femenina. Era una mujer completa, cuyas perfecciones no eran debidas a la cultura o la tradición, sino que era el producto de la creación divina. La mujer no tiene, pues, por qué quejarse de no ser un hombre, porque ella, como él, es el resultado de la actividad divina. El pensamiento de Dios está expresado en su ser femenino. Es verdad que Adán existió primero. El fue su cabeza y la raíz de que procedió ella. Pero Adán no era viable sin ella. Estaba en necesidad, y ella era la ayuda que necesitaba. Dios la creó como una ayuda para él. En realidad, la ayuda y sostén debe ser mutuo.

Satán vio inmediatamente que Adán podía ser seducido más fácilmente a través de Eva. Satán reconoció su amabilidad y gracia, pero también su fragilidad natural. Se dio cuenta que podía ser tentada. "Adán no fue engañado, sino que la mujer, siendo engañada, incurrió en transgresión", dice el apóstol Pablo. La mujer representa la gracia humana en alto grado. Lo bello en la naturaleza le entusiasma más que al hombre. Su sensibilidad es más viva e impresionable por lo concreto y lo atractivo. No es, instintivamente, menos santa o más pecadora. Pero era más susceptible a la tentación, porque estaba constitucionalmente menos adaptada para ofrecer resistencia que él. Pero no transgredió sola, sino que arrastró a Adán, con ella, al pecado. En vez de perderla a ella en manos de Satán, Adán se dejó atraer a él por causa de ella. La transgresión de Eva consiste esencialmente en "el pecado con el cual hizo que Adán pecara".
 

Debido a él, la felicidad de Eva duró muy poco. Resbaló en su primer paso. Adán no le extendió la mano para resguardarla, sino que se dejó arrastrar con ella. Ahora tenía que abandonar este magnífico Paraíso para entrar en un mundo de abrojos y cardos. La angustia que precede el dar a luz a los hijos afectó su ser gravemente. Perdió la confianza en sí misma que Dios le había dado. Ahora estaría sujeta al dominio de otro.

No sabemos cuánto tiempo vivió Eva, pero es probable que viviera centenares de años. Sus días tienen que haber sido tediosos y cansinos, ocasionalmente llenos de dolor. Había sido gloriosa un tiempo y había vivido, durante un corto período solamente en la hermosura del Paraíso. El verse echada en un mundo en el que nada había sido provisto para la mujer tiene que haber sido un contraste terrible. Eva fue apartada de su heredad. Su plenitud femenina fue completamente devastada.

Sin embargo, en lo profundo del alma de esta mujer, Dios sembró la semilla de una fe gloriosa, y por medio de ella permitió de nuevo que se levantara delante de ella un cielo. La simiente de esta mujer tentada había de quebrantar la cabeza del tentador. Eva concentró toda su alma en esa promesa. De hecho, cuando nació Cain de ella, supuso que este hijo era ya la simiente prometida y exclamó: "Por voluntad de Jehová he adquirido varón." ¡Pobre Eva! La desilusión que siguió a esta esperanza, cuando después de los años la tierra absorbió la sangre de Abel, tuvo que ser muy amarga.

No obstante, después de siglos. Los ángeles de Dios reconocieron la simiente de esta mujer en el Hijo de María. El Hijo de María era también el hijo de Eva. Nuestro privilegio consiste en que podamos reconocer a este Niño de Belén en su cuna. Entonces, quizá renuentes pero con una clara esperanza podemos recordar a Eva. Pensando en ella, en el Niño y en nosotros podemos decir la "Madre de todos".